Hoy en Universohijos.com hablaremos sobre la felicidad y la vida. ¿Qué es la felicidad?, ¿qué elementos son importantes para lograr alcanzarla?, ¿cuál es el ideal de vida que nos conduce a dicha felicidad?

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Este episodio es especial porque viajaremos a la antigüedad a través de la filosofía. Es especial porque hablaremos sobre un tema importantísimo para una ciencia como es la psicología, pero lo haremos desde la filosofía. Veréis como gran parte del conocimiento actual acerca de la felicidad tiene una fuerte influencia de las distintas concepciones de la filosofía.
Hoy intentaremos encontrar una respuesta a todas estas trascendentes cuestiones viajando a la antigüedad y conociendo a Epicuro, a la escuela de los estoicos, a la escuela de los escépticos y finalmente a la filosofía cristiana primitiva. Hoy en Universo Hijos felicidad e ideales de vida.
Epicuro
Este filósofo tenía claro que para lograr disfrutar de la calma espiritual, que para él, esta calma ya era la felicidad en sí, hay que:
- buscar el placer
- evitar el dolor
Pero ojo, el placer que hay que buscar no es el momentáneo sino el placer permanente. Según Epicuro tenemos que plantearnos qué placeres efímeros pueden conllevar cierto malestar y dolor. Éstos hay que evitarlos. A su vez, algunos dolores a corto plazo pueden conllevar un gran placer a posteriori y por lo tanto son compensados con un placer posterior.
Al final Epicuro viene a delimitar lo que él consideraba placer porque en esta dicotomía entre placer y dolor, en ocasiones lo que a corto plazo nos aporta placer y por lo tanto, felicidad, a largo plazo puede provocar dolor.
La felicidad = calma espiritual = salud en el cuerpo y serenidad del alma.
Estoicos
Dentro de esta escuela se encuentran algunos conocidos filósofos como: Séneca, Marco Aurelio y Epicteto.
Para éstos lo único que puede proporcionarnos la paz espiritual que necesitamos y felicidad es la virtud.
¿A qué se referían con “virtud”? Para los estoicos la virtud es vivir coherentemente a la ley de la naturaleza, es decir, aceptar vivir de acuerdo a nuestro destino dictado por los eventos del orden cósmico del Universo. Esa gran virtud puede ser expresada a través de virtudes como la prudencia, la fortaleza, la justicia y el autocontrol.
Esto ya os podéis imaginar qué implica: aceptar que lo que nos sucede es provocado por ese orden cósmico y que lo que sí podemos cambiar, no es el destino, sino nuestro interior. No hay que esperar, hay que aceptar y crecer interiormente como persona junto a ese destino. Es decir, la muerte se acepta como parte de la vida, se aceptan las desgracias como parte de la vida.
Este punto de vista fijaos, implica una actitud centrada en la propia persona y no en lo externo.
Parten de la base que todo aquello que sucede no es responsabilidad nuestra ya que es dictado por el orden del cosmos. Pero lo que sí es responsabilidad nuestra es lo que hacemos con esas vivencias, cómo las procesamos y qué aprendizajes somos capaces de extraer para potenciar nuestras virtudes y por lo tanto, para ser felices.
Lo cierto es que , tal y como vimos en el episodio del duelo y sus fases, lo que hace característico la fase de negación es que la persona lucha en contra de ese destino e intenta cambiarlo. En la fase de aceptación se abraza lo sucedido y se transforma. En ese momento, nunca más volvemos a ser los mismos, ¿verdad? Lo que nos sucede, nos transforma.
Escepticos
Para esta escuela no hay un conocimiento único sino que el conocimiento está condicionado a nuestro prisma, es decir, a nuestras vivencias, circunstancias, cultura y sentidos. No sólo los aspectos psicológicos nos alejan de ese conocimiento real sino también los biológicos: que no pueda percibirlo con los sentidos no significa que no exista. ¿Cuántas cosas por el mero hecho de no percibirlas, negamos que existen?
A veces no somos conscientes de todo ello y vivimos en una burbuja de vanidad egoica dentro de la cual viven creencias e ideas que nunca son puestas en duda. Los escépticos nos invitan a no juzgar porque en realidad no sabemos lo que es real y lo que no lo es, sólo conocemos “nuestra” realidad.
Si vivimos de acuerdo a ese principio de no emitir juicios lograremos la tranquilidad anímica que es la causante de la felicidad.
Cristianismo primitivo
El cristianismo más primitivo, predicado por Jesús de Nazaret, partía de unos principios de innegociables de fraternidad y ayuda al prójimo: ayuda mútua, austeridad y amor.
Es justamente ese amor incondicional hacia los demás y hacia el mundo lo que nos conduce hacia la felicidad.
La figura de Jesús, desde una visión filosófica es muy interesante porque habla del sentimiento de amor como motor universal. En el último episodio hablamos de la empatía, no hay empatía sin amor incondicional hacia los demás. No hay compasión sin amor. No hay aceptación del destino sin amor hacia la vida.
El amor al que se refería no es un amor objetal, es decir, dirigido a alguien o a algo, sino es un sentimiento incondicional hacia TODO lo que existe. Cultivar ese amor es el que nos lleva a la felicidad plena.
En conclusión…
Hoy hemos conocido distintos puntos de vista sobre qué es la felicidad y cómo lograrla. De nuevo, un episodio para hacernos reflexionar. No hay una única definición sobre qué se considera felicidad, ni una sola forma de ser felices. Pero la reflexión es un arma muy potente para explorar qué es para nosotros la felicidad.
En fin, esto es todo por hoy. Recordad que los que nos escucháis y que aún no habéis votado qué curso os gustaría encontrar en nuestra plataforma, os invitamos a responder a la encuesta, que es un minutito 🙂